Viernes Santo

Cada Viernes Santo, amanece la Plaza del Portichuelo, situada en la parte más alta de la ciudad, con un ambiente inusual. Desde primeras horas de la mañana se encuentra llena de visitantes que se dirigen a la iglesia de Santa María de Jesús para rendir visita a los Sagrados Titulares de la Archicofradía que, dispuestos en sus tronos, por la tarde realizarán su desfile procesional.

En el interior de la iglesia, abarrotada de público, encontramos a los hermanacos, que sobre sus hombros portarán los tronos, amarrando a los varales de los mismos, en el puesto asignado por el Hermano Mayor de Insignia, las almohadillas que le harán amortiguar el peso. El trono de la Santa Cruz de Jerusalén es portado por cincuenta hermanacos, el trono de Nuestro Padre Jesús Nazareno por setenta y tres y el trono de la Santísima Virgen del Socorro por noventa y dos.

Hacia el mediodía, la banda del Grupo de Regulares de Melilla sube hasta la Plaza del Portichuelo para desde la misma, y ante las puertas abiertas de la iglesia, ofrecer su homenaje a las Sagradas Imágenes.

A la caída de la tarde, aproximadamente una hora antes de la salida, se celebra el denominado “desfile de armadilla”, en el que todas las personas que forman el cortejo procesional, parten desde un determinado punto de la ciudad hasta la iglesia de Santa María de Jesús para iniciar la procesión.

El momento de la salida de los tronos, en el que a la voz del Hermano Mayor de Insignia estos son aupados desde el suelo hasta el hombro de sus hermanacos, se vive con una honda emoción por el numeroso público allí congregado.

El desfile procesional, durante todo su recorrido, transcurre con orden, recogimiento y devoción oyéndose a su paso el tañido de la campana que toca el niño ataviado como campanillero de lujo así como el golpear contra el suelo la horquilla que porta cada hermanaco y que le sirve para apoyar el trono durante las paradas.

Transcurren unas seis horas desde la salida de la procesión hasta la llegada a la Plaza de San Sebastián en donde en la Colegiata del mismo nombre, la Archicofradía realiza estación de penitencia y se prepara para iniciar la subida de la denominada “vega” en la que los pesados tronos, con el esfuerzo casi sobre humano de sus hermanacos, corren por las empinadas cuestas que conducen de nuevo a la Plaza del Portichuelo donde hasta el próximo Viernes Santo serán “encerrados” en su sede de la Iglesia de Santa María de Jesús.

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